Avilés en un fin de semana

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Avilés
ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN 08/11/2013

Lejos queda la imagen de población industrial que tantos viajeros tienen en la retina: Avilés ha sabido reinventarse. La nueva ciudad es una mezcla perfecta entre vanguardia y tradición, con un claro estandarte del cambio: el Centro Cultural Niemeyer.

A medio camino entre la peripuesta Oviedo y la bohemia Gijón, Avilés ha resurgido de las cenizas de la siderurgia y ha sabido aprovechar el tirón internacional de Asturias. Si hasta hace poco, esta ciudad era la gran desconocida del Principado, hoy en día, gracias al Centro Niemeyer, todos los medios del mundo han puesto su mirada sobre esta pequeña localidad cantábrica. Dicen que es la ciudad de moda. Dicen que es la escapada perfecta. Vamos a descubrirlo.

EL CASCO HISTÓRICO

La primero que llama la atención de Avilés es su gran casco histórico, que ha sido declarado Conjunto Histórico Artístico. Pocas ciudades de su tamaño tienen tantas cosas que ver y tan bien conservadas. El punto de partida debe ser la Plaza de España, conocida popularmente como El Parche, desde donde salen algunas de las principales calles de la ciudad, como son La Ferrería, La Cámara, Rivero y San Francisco. La Plaza tiene soportales en todos los edificios de su perímetro y destaca por albergar tres de los principales edificios de la ciudad: El Palacio Municipal (actual Ayuntamiento), el Palacio de Ferrera (que actualmente es el mejor hotel de la ciudad), que cuenta con un impresionante Jardín Francés, y el Palacio de Llano Ponte.

A tiro de piedra está la Oficina de Turismo (Ruíz Gómez, 21), el lugar perfecto para proveernos de un plano, y a dos pasos se encuentra el Teatro Palacio Valdés, un precioso edificio neobarroco que es el principal espacio escénico de la comarca y que ha sido declarado Bien de Interés Cultural.

CALLE GALIANA Y PLAZA DEL CARBAYEDO

Si subimos desde la Plaza de España por la calle San Francisco, llegaremos a la calle Galiana, una de las más famosas de Avilés. Se trata de una vía peatonal, construida en el siglo XVII, flanqueada por soportales en un lado y casas de indiano en el otro. Conserva el doble pavimento original: empedrado para el ganado y enlosado para los viandantes. Actualmente, en esta calle se concentran algunos de los resraurantes más interesantes de Avilés.

En nuestro camino hacia la calle Galiana habremos ido dejando atrás la Casa Municipal de la Cultura, el Palacio de Balsera, la iglesia de San Nicolás de Bari, santo protector de mercaderes y navegantes, y su fuente de los Caños de San Francisco, donde el agua sale de seis cabezas humanas. De piedra, se entiende.

Subiendo por Galiana llegaremos a uno de los lugares más queridos por los avilesinos: la Plaza del Carbayedo, rodeada de bares y restaurantes y con una magnífica zona verde. Uno de los elementos distintivos de esta plaza, además del carbayo (roble) que le da nombre, es un precioso hórreo, perfectamente conservado. De hecho, hay gente que conoce este lugar como el Parque del Hórreo.

UN PASEO POR EL PARQUE

Si desandamos nuestros pasos hacia la calle Galiana, deberemos reparar en otro de esos sitios con encanto: la Capilla de Jesusín de Galiana. A dos pasos encontraremos una puerta para entrar al Parque de Ferrera, auténtico pulmón de Avilés. Se trata del parque más grande de la ciudad y cuenta con numerosas anécdotas. Hace años, durante una tormenta un par de árboles cayeron al suelo, sin llegar a ser arrancados. La ciudad decidió dejarlos crecer en horizontal, y allí siguen plantados de lado.

Además, Woody Allen (gran amante de Asturias, y de Avilés en especial) rodó en el quiosco de música del parque escenas de su película 'Vicky, Cristina, Barcelona'. Casi nada.

SABUGO, EL BARRIO MARINERO

El actual barrio de Sabugo fue un barrio de pescadores independiente que no se unió a la ciudad hasta el siglo XIX. Su Plaza de Carbayo, corazón del antiguo barrio, concentra muchas de las sidrerías más típicas de la ciudad. En la plaza destaca la Iglesia Vieja de Sabugo, del siglo XIII, que empezó siendo románica y acabó siendo gótica. Y si hablamos de la vieja, debemos hablar de la iglesia nueva de Sabugo, como se conoce a la Iglesia de Santo Tomás de Canterbory, uno de los templos más impresionantes de la ciudad y situada muy cerca de la Plaza de Carbayo.

A tiro de piedra se encuentra la Plaza del Mercado (cuyo nombre real es Plaza de los Hermanos Orbón), una de las joyas arquitectónicas de Avilés: sorprende la milimétrica simetría de sus miradores de madera. Sus soportales de hierro forjado forman un corredor que servía de cobijo a la burguesía durante sus paseos de invierno. En el centro de este espacio se encuentra la Plaza de Abastos, que acoge el mercado de los lunes, que viene celebrándose desde que reinaban los Reyes Católicos.

Podemos acercarnos hasta el cercano Parque del Muelle para aspirar el aire de la ría, y encaminarnos después al Palacio de Camposagrado, considerado (con razón) el más espectacular de la ciudad, que se encuentra en la plaza del mismo nombre. El Palacio es uno de los mejores ejemplos del Barroco asturiano y actualmente es la sede de la Escuela de Arte Superior de Asturias.

UNA CIUDAD DE OSCAR

El arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, tras recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1989, quiso agradecerle este galardón a los asturianos. Y lo hizo de la mejor forma posible: regalándoles uno de sus proyectos.

El Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer, es una plaza abierta a todo el mundo, un lugar para la educación, la cultura y la paz, según palabras del propio arquitecto, que considera este edificio como su proyecto más importante en Europa.

El edificio consta de una enorme plaza abierta, de un auditorio, una cúpula que hace las veces de galería de exposiciones, un edificio polivalente que acoge el Film Center y una torre, semejante a las de los aeropuertos, con una magnífica panorámica de la ría. Este mirador alberga uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Además, el Niemeyer está a cinco minutos del centro de la ciudad, conectado a ella mediante un puente en zigzag que fue bautizado como la grapa. Este puente se colocó en un solo día, algo que dejó pasmados a los avilesinos.

El Niemeyer, la única obra de este arquitecto en España, ha sido la gota que ha colmado el vaso de la internacionalización de Avilés. Son muchos los turistas que llegan a esta ciudad atraídos por esta especie de nave espacial posada sobre la ría y que acaban enamorándose del resto de la ciudad. El regalo de Niemeyer ha situado a Avilés a la cabeza de la arquitectura mundial. Y la ciudad se lo agradecerá eternamente a este brasileño centenario. Avilé será siempre una ciudad de Oscar.

COMER EN AVILÉS

En Avilés se come de cine, como en el resto de Asturias. Si andamos cortos de presupuesto podemos optar por ir a alguna de sus tradicionales sidrerías, como Casa Moisés (Calle de la Muralla, 4), en una bocacalle de la céntrica calle de La Cámara, en cuyo interior se protege la vieja muralla que rodeaba antaño a la ciudad. O Casa Lin (Avenida de los Telares, 3), chigre centenario donde comeremos de lujo. Pescado y marisco frescos (a muy buen precio) en este local de los de siempre, con serrín en el suelo y olor a sidra en la madera. Su fabada también tiene fama.

Uno de los restaurantes preferidos por los avilesinos es Casa Tataguyo (Plaza de Carbayedo, 6), antigua fonda que abrió sus puertas en 1845. Pescados seleccionados a pie de rula en los puertos de Avilés y Cudillero, verduras y hortalizas frescas. Cocina tradicional como sus conocidos callos, pote y guisos, entre los que destaca su famosa longaniza casera con patatas, tan tradicional como solicitada.

Muy cerca de allí tenemos dos estupendas opciones: Llamber (Galiana, 30), una gastrotaberna cuya cocina está abierta a la sala interior y que cuenta con una carta a medio camino entre la tradición asturiana y la cocina creativa, como la anchoa sobre bizcocho de queso de La Peral o patatas rellenas de cabrales y praliné de avellanas.

A pocos metros está La Flor de Galiana (Galiana, 50), que ofrece una propuesta atrevida en cuanto a interiorismo, con el local más vanguardista de Avilés. Podemos comer tapas y raciones basadas en materia prima de calidad elaborada de forma original, como las fajitas de pitu de caleya (pollo de corral asturiano).

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