Cabo de Gata, cowboys junto al mar

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Cabo de Gata

La primera en la frente: la entrada al Cabo de Gata no es lo que se dice bonita. Miles de metros cuadrados de invernaderos cubiertos de plástico dan la bienvenida a un viajero, un tanto desconcertado, que se pregunta: ¿pero esto no era un parque natural?

Pues sí, lo es. Su territorio comienza justo cuando desaparecen los invernaderos y empiezan a asomar los agaves, los espartos y las palmas enanas. Estas plantas, más propias de una película del oeste que del paisaje andaluz, marcan la frontera que da paso al Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar, con sus paisajes volcánicos y un perfil marítimo de 50 kilómetros salpicado de ensenadas, calas y acantilados. Su costa, prácticamente virgen, es la mejor conservada del litoral europeo.

PLANETA SURF

Los aficionados al surf (y al windsurf) tienen su particular paraíso en la Ensenada de los Genoveses, mientras que los que buscan tranquilidad y pocos bañistas prefieren acudir al largo arenal de La Almadraba que, protegido por los vientos de Levante, es uno de los más tranquilos del lugar y desde su orilla se contemplan los mejores atardeceres del Cabo de Gata.

También para solitarios es la Playa de los Muertos, llamada así porque en su orilla acababan los cuerpos de aquellos que naufragaban en la zona.

La playa de San José es urbana y, por tanto, de ambiente familiar mientras que la del Mónsul y El Playazo suelen estar entre las más visitadas por su belleza.

PASEOS PLAYEROS

Aunque a la mayoría de las playas de la zona se puede llegar en coche, durante la primavera es muy aconsejable internarse a pie por alguno de los senderos que conducen a ellas. En el parque hay numerosas rutas de senderismo que recorren el litoral.

Los caminantes más experimentados pueden llegar, por ejemplo, hasta la playa de la Almadraba, en un recorrido de 18 kilómetros que parte desde San José, que a pesar de ser el principal núcleo turístico de la zona, no deja de ser una población tirando a pequeña.

El paseo puede acabar en las salinas, parada obligatoria para numerosas aves en sus rutas migratorias entre Europa y África. Los meses de marzo y octubre son los mejores para ver garzas, cigüeñuelas y flamencos. Aquí podremos sacar una de las fotos más típicas del Cabo de Gata: la de la Iglesia de las Salinas, a la que sólo una carretera separa del mar. La acaban de restaurar y son muchos los que piensan que tenía más encanto cuando estaba en ruinas.

Pero hay muchas más rutas (en total son dieciseis). Entre las sencillas se encuentran la que comunica la playa de los Genoveses con la de El Mónsul, en la cual iremos viendo cómo las Calas del Barronal van asomando a nuestro paso

Si somos más de viajar a lomos de una bici, estamos de enhorabuena, pues hay rutas donde disfrutaremos de lo lindo, como la que une la encantadora población costera de Agua Amarga con la Cala del Plomo. Así, sobre dos ruedas, apreciaremos el carácter del Cabo de Gata mientras por el camino vamos dejando atrás cortijos de formas cúbicas y gruesos muros, norias, aljibes y molinos.

LA NEGRAS

Esta localidad es una de las más populares del Cabo de Gata, un hermoso rincón pedregoso y de ambiente pesquero, formado por un grupo de casas sencillas, blancas, y algunas instalaciones hoteleras al lado del mar; ideal para perderse y desconectar.

Su nombre se debe a la tragedia. Las Negras era un pueblo marinero y como tantas veces ocurre, un mal día el mar enfurecido se tragó a buena parte de los vecinos del pueblo, pescadores que habían salido a faenar. Así que el lugar se llenó de viudas que guardaron luto durante años. De ahí lo de Las Negras.

Es famoso el sendero que une la Playa del Playazo de Rodalquilar con el pueblo de Las Negras. Un camino que bordea las montañas y pasa por playas tan hermosas como Cala del Cuervo. Tras media hora de caminata, ya en la localidad de Las Negras, nos espera el Bar Manteca (Mediterráneo, s/n), frente al mar. Esta mezcla de restaurante y chiringuito donde cada día se elaboran platos con lo mejor que da el mar, tiene fama de cocinar las mejores paellas de la zona.

RUTA DE LAS ATALAYAS

Entre las varias rutas temáticas que se pueden seguir en el parque hay una que no debemos perdernos: la dedicada a las atalayas construidas para protegerse de los peligros que venían del Mediterráneo.

En esta ruta nos encontraremos con el Castillo de San Felipe, en Los Escullos, el de San Ramón, en el Playazo de Rodalquilar, el Castillo de San Pedro, situado en lo alto de la encantadora cala que lleva el mismo nombre, a la que sólo podremos acceder a pie o en barca, o la Torre de los Alumbres, un fortín levantado a principios del siglo XVI para proteger Rodalquilar de corsarios berberiscos.

Los sulfatos de aluminio y potasio que dan nombre a la torre eran muy codiciados en la época por ser muy utilizados en los trabajos de tintorería y estampación.

Sin embargo, la época dorada en Rodalquilar fue a mediados del siglo XIX, cuando comenzó El Dorado españal. Su particular fiebre del oro no duró demasiado, pero sí quedaron numerosas huellas del paso de los buscadores: socavones, galerías y y un poblado minero al completo. Para asomarse a aquella época y conocer cómo vivían los buscadores de oro, deberemos visitar el Museo Geominero de Rodalquilar, conocido como La Casa de los Volcanes, que se ubica en el interior de la antigua Casa de Fundición de este pueblo minero.

LOS MIRADORES

El perfil costero del Cabo de Gata, a veces tosco, a veces delicado, y casi siempre salvaje, se puede contemplar desde lo alto de sus numerosos miradores. En total hay seis, entre los que destacan por sus vistas el Mirador de La Amatista, que ofrece una panorámica espectacular sobre los acantilados volcánicos del parque natural, y el Mirador de Sirenas, que está situado junto al faro del Cabo de Gata.

Mirador en el Cabo de Gata El Mirador de los Muertos domina el paisaje de la playa que lleva su nombre y el domo volcánico conocido como Mesa de Roldán, situado justo enfrente.

Otro mirador que incluye esta particular ruta, es el de la Isleta del Moro, desde donde se observan los Cerros de los Frailes y los islotes conocidos como Las Ballenas, situados al final de este fondeadero natural y que reciben su nombre por el parecido que tienen con este cetáceo.

Contemplar una crepúsculo en cualquiera de estos miradores puede ser el punto final perfecto en nuestra escapada al Cabo de Gata, un territorio inalterado, como si el tiempo no hubiera pasado por allí. El último paraíso del Mediterráneo.

RUTA DE CINE

No sólo al vecino desierto de Tabernas llegaron los dólares del cine. Por el Cabo de Gata también asomaron los cowboys del spaghetti western. La Torre de los Alumbres, el Cortijo El Sotillo y El Cortijo del Fraile, aparecieron por ejemplo en El bueno, el feo y el malo y en Por un puñado de dólares. La Playa del Algarrobico fue la Aqaba jordana en la película de David Lean Lawrence de Arabia.

Sean Connery es otro de los habituales en Cabo de Gata. En Indiana Jones y la Última Cruzada derribó en la playa del Mónsul un avión alemán tras espantar con su paraguas una bandada de gaviotas. Y en la época en que interpretó a James Bond pasó por la playa de los Escullos durante algunas escenas de Nunca digas nunca jamás.

COMER EN EL CABO DE GATA

Además del reseñado anteriormente Bar Manteca, en Las Negras, donde podemos degustar pescado fresco y las mejores paellas de la zona, otra buena opción para comer si estamos por la zona es La Cueva de Antonio (Paseo Marítimo 36/37), en San José, Níjar, cuyo olor pescado y carne a la brasa inunda este pequeño rincón del frente marítimo.

Si estamos de visita en la preciosa localidad de Agua Amarga, podemos reponer fuerzas en La Chumbera (Paraje Los Ventorrillos, s/n ), ideal para una cena romántica. La base de la cocina es mediterránea, con algún guiño a recetas internacionales.

DORMIR EN EL CABO DE GATA

Uno de los hoteles con más encanto de la zona es La Almendra y el Gitano, situado sobre un cerro cerca de Agua Amarga, con una decoración impecable que rezuma buen gusto. Vale la pena reservar una de sus suites, que incorporan un jacuzzi con vistas.

Cerca de allí se encuentra el Cortijo Los Malenos, un encantador hotel rural decorado al estilo local a base de barro, cal, muebles vintage y artesanía de la zona. Todas sus habitaciones cuenta con terraza privada.

Y si eres cinéfilo, tu alojamiento perfecto es el Cortijo El Sotillo, pues aquí se rodaron algunas escenas del western Por un puñado de dólares, protagonizado por Clint Eastwood. Esta casa de campo reformada data del siglo XVIII. Está situada en la reserva natural de Cabo de Gata en Almería, a 700 metros de la playa de San José. Cuenta con instalaciones de hípica, piscina al aire libre y pista de tenis.

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