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Costa da Morte, viaje al fin del mundo

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Costa da Morte

¿Alguna vez has dicho eso tan romántico de me iría contigo al fin del mundo? Pues por fin tienes oportunidad de cumplirlo. La famosa Costa da Morte transita entre las Rías Baixas y las Altas, en la provincia de A Coruña, y está compuesta por más de cien kilómetros de lo que podríamos denominar orografía caprichosa.

En este lugar es donde empieza (o termina, según se mire) el Finisterrae, el punto donde antiguamente creían que estaba el fin del mundo. Sólamente participar de esta leyenda ya debería ser razón suficiente para descubrir esta zona, pero además la Costa da Morte está poblada de pueblos con encanto, faros, aldeas de pescadores, cementerios de película, acantilados, miradores, iglesias celtas... En pocos sitios se concentra tanta belleza como en esta zona de Galicia.

Hay tres rutas clásicas para recorrer la Costa da Morte, la oriental, la occidental y la ruta sur.

RUTA OCCIDENTAL. En la ruta occidental partiremos del pueblo de Baio, y pondremos rumbo a Vimianzo, pero antes de llegar nos desviaremos siguiendo la indicación Batanes de Mosquetín, conjunto etnográfico formado por molinos y batanes ( artilugios activados por agua que hacían subir un enorme martillo y que al caer machacaba las hierbas de lino). En Vimianzo visitarmos su famoso castillo, el de los Moscoso, uno de los mejor conservados de Galicia, y desde allí llegaremos a Camariñas, pueblo pesquero famoso por sus palilleiras, artesanas expertas del encaje de bolillos.

A tiro de piedra se encuentra Cabo Vilán, con su precioso faro, que posee una gran riqueza biológica, con acantilados que cortan el aliento. Allí encontraremos uno de los rincones con más encanto de toda la zona: el Cementerio de los Ingleses, construído en honor a los náufragos del barco The Serpent, hundido frente a la costa. Eso sí, si hay temporal no se te ocurra salir del vehículo.

Pasaremos por el pequeño pueblo marinero de Camelle, con la vista ya puesta en nuestra siguiente parada: Muxía, donde nos encontraremos la Iglesia de Moraime, único resto que permanece del importante monasterio San Xiao de Moraime. Esta localidad fue destruida por Napoleón en el siglo XIX y hoy es visita obligada para los pergrinos del Camino de Santiago que finalizan su viaje en el precioso Santuario de la Virgen de la Barca, perfecto ejemplo de alternancia entre los cultos cristiano y pagano. Cuenta la leyenda que Santiago Apóstol, desanimado por tener dificultades para convertir al cristianismo a los habitantes de la zona, fue visitado por la Virgen que llegó en una embarcación y parte de la misma quedó petrificada frente a la iglesia. Por cierto, muy cerca, en la aldea de Seixo, se nos caerá uno de los mitos de la Costa da Morte, porque allí se encuentra el Cabo Touriñán, que realmente es el más occidental de Europa, destronando al de Finisterre.

RUTA ORIENTAL. En esta ruta nuestro punto de partida será el pueblo de Caión, famoso porque sus habitantes antiguamente se dedicaban a la pesca ballenera. Imprescindible visitar el convento de San Agostiño y la iglesia de San Xurxo, de arquitectura plateresca. Pasaremos por Baldaio, una de las reservas naturales más bellas de Galicia, y bordearemos la costa difrutando de unas impresionantes vistas hasta llegar a Razo, donde está la playa más visitada de toda la Costa da Morte.

Muy cerca de allí se encuentra el monte Neme (que significa sagrado en celta), en cuya cima hay minas de wolframio y en los días despejados se puede obtener una panorámica perfecta de la costa.

Pasaremos por Buño, localidad famosa por su tradición alfarera, y llegaremos a uno de los puntos fuertes de la ruta: Malpica de Bergantiños, el pueblo pesquero con más actividad de la Costa donde, si podemos, deberíamos hacer una visita al puerto y presenciar la subasta diaria de pescado. Si seguimos nuestro viaje en dirección a Ponteceso, podemos desviarnos hacia Barizo y dar un paseo por su Playa de la Xeiruga, frente a las islas Sisargas. Allí podremos comer de auténtico lujo en As Garzas, el restaurante más prestigioso de la zona (bendecido por la Guía Michelín). Tras reponer fuerzas, podríamos seguir las indicaciones de Faro de Punta Nariga y llegar al cabo donde se alza este moderno faro. Desde aquí hay unas vistas privilegiadas de las islas Sisargas y de la costa.

Retomamos nuestro viaje hacia Ponteceso, haciendo parada en Corme, para visitar su Faro del Roncudo, el lugar donde las rocas estás repletas de cruces en memoria de los percebeiros que perdieron la vida en el mar. Muy cerca de allí se encuentra la famosa Pedra da Serpe, antiguo monumento celta consistente en una serpiente de piedra a la que los cristianos colocaron una cruz encima. Ya en Ponteceso podremos visitar la playa de Balearés y el Monte Blanco. Cruzaremos el puente que da nombre el pueblo hasta llegar a Laxe, donde dsifrutaremos de su famosa bahía y de su Casa do Arco, del siglo XV.

Para finalizar, pondremos dirección a Baio, donde visitaremos del Dolmen de Dombate, uno de los megalitos mejor conservados de Galicia. Nuestra ruta terminará en Carballo, en cuyas inmediaciones está la Aldea de Verdes, un paraje natural repleto de molinos de aguas. Un lugar mágico para finalizar la jornada.

RUTA SUR. Probablemente esta sea la ruta más popular de las tres. Nuestro objetivo es llegar hasta el fin del mundo, o dicho de otro modo, hasta el Faro de Finisterre (o Fisterra, en gallego).

Comenzaremos la ruta en el pueblo de Muros, famoso por sus playas. De hecho es un de los lugares favoritos de los gallegos para pasar sus vacaciones de verano. Imprescindible pasear por su casco histórico, uno de los más singulares del litoral gallego, declarado Conjunto Histórico-Artístico. Desde allí saldremos hacia Lira, pequeño pueblo pesquero con una amplia representación de hórreos y cruceiros. Nuestra próxima parada será Carnota, famosa por sus formaciones de dunas y marismas. No podemos irnos de allí sin visitar el larguísimo hórreo de 34 metros de longitud, un icono en la zona.

En nuestro viaje hacia el fin del mundo pasaremos por el Monte de Pindo, conocido como el Olimpo Celta, y atravesaremos las localidades de El Pindo, Ezaro, donde existe una caída de agua de más de 100 metros de altura (una de las más altas de Europa) y Cee. Desde allí llegaremos a Corcubión, en cuyo paseo marítimo podremos contemplar edificios de gran valor arquitectónico ya que en esta villa medieval habitaban varias de las familias más acaudaladas de la zona.

Pasaremos por la localidad de Duio, con la vista ya puesta en nuestro penúltimo destino: Finisterre. A la entrada del pueblo se encuentra una de las paradas clásicas para reponer fuerzas: el restaurante Tira do Cordel, una antigua fábrica de salazón, en la Playa Langosteira. Aparte de su ubicación idílica, a orillas del Atlántico, el Tira do Cordel es famoso por preparar la que, para muchos, es la mejor lubina de Galicia, asada a la brasa. Conviene reservar antes de ir, porque suele estar a tope.

Este pueblecito pesquero en épocas de Xacobeo se llena de peregrinos que van a la iglesia de Santa María das Áreas, en el Monte de San Guillermo, a presentar las credenciales de su itinerario. No podemos irnos de Fisterra sin pararnos a admirar el cementerio laico (o cementerio del fin del mundo, según se le ha dado en llamar) creado por César Portela, finalista del prestigioso premio de arquitectura Mies van der Rohe: 14 cubos de granito que simulan ser contenedores de un barco naufragado que la marea ha depositado en un paraje insuperable: entre los acantilados y el mar.

Y por fin, nuestra meta: el Faro de Finisterre (o de Fisterra), uno de los más famosos del mundo. En la actualidad, ya sabemos que el mítico faro no está en el fin de la tierra, pero su leyenda permanece intacta gracias a su ubicación. El faro ha sido recientemente reconvertido en el hotel O Semáforo: el lugar perfecto para una escapada romántica diferente. Un fin de semana en los confines de la tierra, a 143 metros del mar, en un enclave tan maravilloso como la Costa da Morte es algo inolvidable.

Una escapada a la Costa da Morte siempre es un premio para los sentidos, una road movie por una carretera tan bella como lenta, transitando por preciosos pueblos marineros junto al Atlántico.

ESTE LUGAR PERTENECE A NUESTRA SELECCIÓN DE ESCAPADAS ROMÁNTICAS
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